
Los incas eran muy religiosos y creían en la existencia de varios dioses, de los que el más importante era Viracocha, una divinidad importada de la cultura altiplánica de Tiahuanaco, conceptuado como un Ser Supremo y Creador del mundo y los hombres.
Según sus propias creencias, Viracocha, habría surgido del lago Titicaca para formar la tierra, el cielo y la humanidad, a la que destruyó más tarde por su continua desobediencia. Con posterioridad, Viracocha dio vida a una segunda especie de hombres y creó al Sol, la Luna y las estrellas para que los vigilasen en calidad de tutores.
Desde su aparición en la tierra, los incas fueron santificados por el Inti (el Sol). En esta leyenda tiene su origen el gran culto que durante el Incanato se profesó al astro rey, que como puede verse, no fue el dios principal de esta cultura, sino uno más (pero predilecto) de una amplia lista de divinidades, como ser:
Una expedición realizada por expertos descubrió las ruinas y restos de lo que sería una ciudadela inca escondida en los abismos del lago, dentro de la cual se encontró una plataforma de piedra, que coinciden con los lugares de ofrendas de los sitios sagrados.